Durante la semana vocacional se han fomentado diversas actividades que invitan a la reflexión y a la búsqueda de la misión de vida. Empezando por el primer día, se hizo una semejanza entre la semilla de un aguacate y lo mejor que llevamos en nuestro interior. A partir de la actividad, tuvimos que responder preguntas relacionadas que nos hacían cuestionar qué es lo que nos impulsa a ser una mejor versión de nosotros mismos y qué es lo que limita nuestro progreso.
Por otro lado, en el segundo día se promovió la reconexión con la realidad al poner los pies en la tierra, apreciando el presente y lo que se está viviendo. En esta actividad se hizo un llamado a valorar las vivencias y dejar a un lado el mundo digital, que suele distraernos.
A mi parecer, el mejor día fue el tercero, puesto que debíamos prestar un servicio para organizar regalos para los niños de Calasanz. Allí aprendí sobre la posición privilegiada que me acompaña y cómo debo ser más agradecida con mi contexto social. Más aún, compartir el momento de servicio con niños de quinto grado fue gratificante al ver cómo ellos tenían la bondad de dejar atrás sus pertenencias para dárselas a alguien más.
El día jueves se realizó una actividad de cartas que consistía en conseguir los materiales que requerían los árboles y, dependiendo de lo que usáramos, se podían ganar más puntos. Finalmente, el grupo que consiguiera más puntos a partir de los árboles que pudiera completar, ganaba. Por medio de esta actividad comprendí que las virtudes requieren muchos méritos que ayuden a nutrirlas y que, a pesar del esfuerzo que requieren, vale la pena cultivarlas y cosecharlas.
Para concluir, a lo largo de la semana calasancia se pudo reflexionar para conocer lo mejor de nosotros mismos, la vocación y los vínculos que nos nutren en el camino de la vida.
Y para el cierre de esta hermosa semana tenemos el símbolo de la planta: “Yo”. Pero una planta no está completa hasta que da su fruto. María es nuestra tierra fértil; ella nos enseña que, cuando dejamos que Dios actúe, nuestra vida da frutos maravillosos de fe, servicio y esperanza. Como dice la oración: “Bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús”. Hoy descubriremos que nosotros también somos frutos de Dios.
Clavijo Vásquez Valeria (2026)
Estudiante del curso 10B
Jesús Omar Jaimes Vargas
Educador

