Celebración de la Semana Santa
Por: Fraternidad Escolapia Cúcuta-Effetá
Padres de familia, estudiantes, egresados, maestros, miembros de la Fraternidad Escolapia, vecinos del barrio y demás miembros de la comunidad educativa, tuvimos el gozo, la gracia de celebrar la Semana Santa junto a los Padres Escolapios Juan Jaime Escobar Valencia, Rector del Colegio Calasanz de Medellín y Carlos Retana Charlan Vicerrector del Colegio Calasanz de Cúcuta.
Tuvimos cinco días de profunda reflexión. El acto penitencial y las confesiones del Miércoles Santo, prepararon nuestros corazones para vivir estos días del Triduo Pascual. Ese día aprendimos que la clave de la vida cristiana es recordar, volver al corazón, ir al corazón.
Iniciamos el Jueves Santo, el Triduo pascual. En este día, celebramos la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio y el Mandamiento del Amor. Juntos recordamos la última cena y el lavatorio de los pies. Recordamos que Jesús se quito el manto, como signo de dejar a un lado su divinidad para abajarse a nosotros y lavarnos los pies. Escuchamos al Padre Juan Jaime decirnos una y otra vez, “ËL te ama”, “Te invita a salir de la esclavitud a la libertad”. “Mira cuantas veces ha pasado el Señor por tu vida y ni te has dado cuenta” Ha pasado en esa dificultad, en esa enfermedad, en esa situación…ha sido el Paso del Señor.
Continuamos el Viernes Santo y el encuentro de éste día fue con el Amor. El amor que es el verdadero amor, el amor capaz de entregarse por completo. No el amor que reclama, no el amor que utiliza, no el amor que se alimenta de aquel a quien ama, sino el amor que todo lo da, el amor que se desgasta, el amor que por completo se ofrece, el amor que no se queda con nada, el amor que se abaja, el amor para el cual todo es entrega y nada reclama, para el cual todo es donación y nada pedir a cambio.
La celebración tuvo cuatro facetas del amor. Un primer momento, el Amor proclamado, que volvimos a leer y a escuchar. (La Pasión del Señor, Según San Juan) El amor inolvidable de quien lo da todo por nosotros. Cómo si el mismo Señor nos dijera: “Para que no me olvides” Para que no olvidáramos al Siervo sufriente del Señor. Para que no olvidáramos el que reveló la verdad y nos convirtió en Hijos.
El segundo momento, el Amor que reza por nosotros, que intercede por nosotros, se convierte en nuestro abogado para presentarle nuestras oraciones, fue el momento de la Oración Universal.
El tercer momento, el Amor adorado, delante de ese Amor lo veneramos, lo adoramos, besamos la cruz, la tocamos. Un amor más grande que nosotros.
El cuarto momento, el Amor compartido, comulgado, que nos concede vida eterna.
Y llegamos al Sábado Santo, el gran día, el día de la gloria, el día de la Vigilia Pascual, el Momento de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y en esa maravillosa noche santa nos hicimos una pregunta: ¿Cuánta es nuestra fe y nuestra esperanza puesta en la realidad de la resurrección del Señor? ¿Es nuestra fuente de alegría y clave de la felicidad? ¿Es realmente nuestro apoyo en los momentos difíciles?
Luego pusimos nuestra atención en tres realidades que nos contó el Padre Juan Jaime. La primera, la misión de las mujeres en la Resurrección. Las mujeres necesitan recordar la vida, son las protectoras de la vida. Testigos de la vida, guardianas y anunciadoras de la vida.
La segunda, el gesto de correr. Pedro corrió. ¿Qué dijeron las mujeres? No vio a Jesús y quedó desconcertado. Y luego Jesús le salió al encuentro, porque tuvo el valor de salir corriendo y dejar la puerta abierta con el asombro. Mantengamos la puerta abierta del asombro. Siempre encontraremos que al que buscamos entre los muertos está vivo. Corramos, no nos quedemos quietos, que nuestra vida espiritual no sea una vida sedentaria, que corremos para alcanzar a Cristo.
Y la tercera, la Cruz es el camino para llegar a la gloria. Aquí termina llegando la fe de las mujeres, la carrera y el asombro de los hombres. El gran problema de nuestra vida es la cruz, todos los sufrimientos. Los sufrimientos nos desconciertan, nos mueven de lugar, nos disgustan, nos hacen sentir molestos y hacen que la vida se vuelva una carga, porque no toleramos el sufrimiento. Y ¿Por qué no toleramos el sufrimiento? Porque no entendemos que es el camino a la gloria. Porque si lo entendiéramos pasaríamos con esperanza a través del sufrimiento. Porque esto es solo un pequeño dolor, porque al otro lado del dolor queda la alegría y ese es el mensaje que recibimos hoy. Recordamos lo que dijo en Galilea, “Que Él pasaría por la cruz, pero después de la cruz, sería la Resurrección, la cruz es el camino que lleva a la gloria.
Miramos a la cara nuestro dolor más grande, lo miramos de frente y le dijimos: “Tú no eres nada”,”Tú solo eres una puerta, después de la cual está la Gloria” Porque la cruz es el camino que lleva a la Gloria” “ Hoy ninguno de nosotros está vencido, hoy ninguno de nosotros está caído por tierra, hoy ninguno de nosotros tiene más lágrimas de tristeza, porque hoy es la noche santa y en esta noche sabemos que la cruz solo es la cruz que es camino para lo definitivo y lo definitivo es la gloria.
¡Que viva Cristo Resucitado!

