Un primer día desde la Piedad y las letras al estilo Calasanz
Corrían las 6:24 am del 19 de enero de 2.026, y los estudiantes del Colegio Calasanz de Cúcuta regresaban a aquellos pasillos y aulas en los que habían aprendido reído y jugado tanto. Era hermoso ver a niños pequeños mirar a sus maestras de nuevo como quién ve a su madre después de mucho tiempo. Los recién llegados se instalaban en sus nuevas y cómodas aulas de clase, mientras que los de undécimo grado se hacían sentir, con vitoreo, ovaciones y gritos de júbilo por toda la Avenida primera este, ya que era su último primer día de clase, era el día que marcaba para ellos el inicio de un final y dejaba ver el final de un inicio. Ese día, por un momento, las edades no importaban; desde los pequeños hasta los promocionados, todos nos detuvimos frente al colegio y admiramos unas puertas abiertas de par en par y unos brazos cálidos que nos invitaban a sumirnos en aquella serendipia del disfrutar y aprender al mismo tiempo, era como volver a la casa materna, como volver a nuestro lugar. Al recibir el aire matutino y la sonrisa de los maestros, solo nos rondaba un pensamiento, y era el de entender cuanto amábamos la institución que fundó nuestro patrono y cuánto festejábamos el aprender.
Sino ¿Cuándo nosotros, polluelos inexpertos, seríamos capaces de surcar los vastos, enormes y hermosos cielos que la vida nos depara? Es así como la primera semana no escatimó en recibirnos con cambios beneficiosos que optimizaran nuestro proceso académico.
 
Hablando por todos los grados; para los pequeños retoños de primaria, por ejemplo, y para los que no han dejado de echar raíces en secundaria, haber vuelto se sentía como regresar a ese lugar al que siempre vuelves cuando tienes el mismo sueño. Así pues, la primera sorpresa fue cuando nos comunicaron que los salones habían quedado de la misma manera que en 2.025, es decir, no rotaron a los estudiantes, lo cual, en voz de la mayoría fue una excelente decisión, acotando que ya nos habíamos encariñado mucho unos con otros. No bien, eran los mismos rostros que veíamos todas las mañanas al entrar en el aula de clase y en vez de aburrir, construía fuertes lazos de confianza. La segunda cosa que suscitó un tanto de intriga fue que habían prohibido los dispositivos móviles en las instalaciones del colegio para todos los grados, desde los niños hasta los jóvenes, lo cual dejó varios comentarios entre negativos y positivos, empero no tardamos en darnos cuenta de que nada de lo que se dijese, cambiaría lo que ya estaba estipulado en el nuevo manual de Convivencia. Así que, los niños volvieron a jugar con balones, los jóvenes volvieron a entablar conversaciones y los casi adultos ahora nos regocijamos en disfrutar sin distracciones nuestros últimos días en la institución.
 
Ahora bien, ¿cómo nos sentimos? Claramente desconcertados del nuevo mundo que nos espera, puesto que mientras unos inspirados niños dejaban atrás la primaria para entrar a la secundaria, otros como nosotros los de secundaria quedamos atónitos por las cosas inéditas que ahora se nos mencionaban, por ejemplo, los niños de primaria no paraban de preguntarse sobre unas “Pruebas Cambridge”, los niños de sexto discutían sobre “letras con números”, y por supuesto los de undécimo se sobrecogían al escuchar hablar de la “Prueba saber 11”. Hubo muchas otras palabras que nos abrumaban con toneladas ineludibles de angustia, pero luego entendimos una cosa: Ya no eran futuros distantes, ya era nuestra realidad. Es así como hubo un golpe de realidad mayoritario en nuestras mentes a vísperas de recibir una nueva etapa, y nos hicimos ceñir con oraciones y peticiones a nuestro Dios Padre y a nuestro Patrono Calasanz, pidiendo siempre por discernimiento para aprender con un entero y total rendimiento.
 
Ahora mismo, en las primeras semanas, nadie, ni los niños más curiosos serían capaces de imaginarse su último día de clase, porque claro está que acaban de ingresar de nuevo a su jornada académica; sin embargo, ya se escuchan estudiantes como los de Undécimo esperando de un modo, claramente lacónico, el final del inicio, el último día de grado 11, el día de graduación, el infame día en que digan “adiós”, sin embargo, no se les ve afligidos, más bien empoderados, porque han comprendido, así como los niños que pasaron de quinto primaria a sexto, que más que sacar buen puntaje en una prueba, dominar el inglés, o aprender matemáticas, el sentido es disfrutar el proceso y no dejar de echar raíces, es por esto que todos los calasancios concuerdan en una cosa: “No es el destino del viaje, sino el trayecto lo que otorga el sentido”.
Salomón Delgado Lafaurie- Estudiante de grado 11, promoción 2026.